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Carlos Robles

De esas, hay muchas

Mi Columna

De esas, hay muchas

Por Carlos Robles Nava

Estoy por cumplir 35 años de radicar en Saltillo, Coahuila. Soy originario de Torreón y hace 34 años que arribé a esta mí segunda tierra adoptiva y ya existían en esta capital las bien o mal llamadas  ”non sant”, “casas de citas” o para darme s a entender más claramente, casas de disfrute sexual o simplemente prostíbulos.

En Torreón, esos negocios por decenas de años han existido y han sido tan normal que nadie se extrañe de su existencia y funcionamiento. Inclusive son visitadas por elementos policiacos dizque para supervisarlos que sin tener los “pelos de la burra en la mano”, esas dizque “sorpresivas visitas” son para recibir el pago del silencio y hasta para cenar, porque dicen y al menos me han platicado, esos negocios cuentan con servicio de cocina, al menos es lo dicho por quienes acuden a ellas.

El pasado sábado 23 de enero, los medios impresos publican con cierta notoriedad “revientan casa de prostitución y trata blancas”, esto en la colonia Virreyes, tras una denuncia anónima y sin detención de nadie porque se fugaron quienes la regentean, explotan o hacen negocio con la venta de sexo.

No me sorprende ni critico ese tipo de negocios, en lo que no estoy de acuerdo es que se pretenda alardear, “presumir” o engañar con este tipo de operativos, porque si hace 34 años y muchos años atrás ya existían esos prostíbulos, no veo razón que justifique su desaparición.

Otro aspecto es que encontrar una casa de citas sola en fin de semana, que se los crea su Santa Madre, pues en estas lides sobran los “soplones” o corre-diles que jamás han dejado de existir dentro de las corporaciones policiacas, por lo que para este columnista que años atrás cubrió fuentes policiacas, no es nada nuevo lo de las “orejas” o “chismosos”, es decir, alguien dentro o fuera de las fuerzas policiacas les avisó.

Hay medios de comunicación impresos que califican a todo Saltillo como un “congal”, porque la prostitución se ha “desparramado” por todos los rincones de la capital por el número de prostíbulos existentes, pero esto es diferente a lo que significan casas particulares de citas y que se localizan en sectores poblados por familias con hijos pequeños.

En mis tiempos, al menos en Torreón, las casas “non santc” pagaban al municipio los respectivos permisos, contaban con licencia para la venta de cerveza, vinos y licores, identificándose con un foco instalado en sus afueras y encendido durante toda el día y la noche. La luz de ese foco era blanca, a diferencia de Guadalajara en donde los focos identificadores de esos negocios es o era de luz color roja, al menos es lo que me platican amigos avecindados en la capital jalisciense.

Ignoro si ese esquema sigue teniendo en vigencia en mi tierra natal, aunque al margen, considero que esa reglamentación permite un mayor control no por situaciones irregulares que se cometan, sino por el control sanitario que se tiene, además de ubicar cualquier escándalo o relajo que se suscite.

Empero, sin apartarnos del tema, no hay que exagerar porque ese tipo de negocios y me refiero a las casas de citas en Saltillo, porque hay muchas desde hace tiempo, así es que no nos salgan como una novedad de que se cerro uno de los tan mencionados prostíbulos. (www.intersip.org)