Por más que gritan y claman se detenga y ponga un alto definitivo al cada vez mayor número de robos cometidos en las zonas rurales de Coahuila, las familias del campo no han encontrado respuesta y los latrocinios van cuesta arriba.
Desde el 2014, acrecentándose en el 2015, las peticiones de las comunidades rurales no han cejado de solicitar acciones inmediatas, pero sobre todo efectivas para contener no solo el latrocinio de sus animales, sino de transformadores que proveen de electricidad a cientos de ejidos y que en un santiamén desaparecen.
MI COLUMNA
No para el abigeato
Por: Carlos Robles Nava
Por más que gritan y claman se detenga y ponga un alto definitivo al cada vez mayor número de robos cometidos en las zonas rurales de Coahuila, las familias del campo no han encontrado respuesta y los latrocinios van cuesta arriba.
Desde el 2014, acrecentándose en el 2015, las peticiones de las comunidades rurales no han cejado de solicitar acciones inmediatas, pero sobre todo efectivas para contener no solo el latrocinio de sus animales, sino de transformadores que proveen de electricidad a cientos de ejidos y que en un santiamén desaparecen.
En muchos casos se ha dado a las autoridades santo y seña de quien y quienes están cometiendo estas raterías, pero la respuesta ha sido de siempre, sorda e indiferente, mientras que las familias en general pierden lo poco que les queda para sobrevivir ante la falta de apoyo de las autoridades agropecuarias.
Los quejosos lamentan que para los “roba-vacas” no hay límites, pues se llevan desde una y hasta diez o quince reses de todo tipo, proliferando esas tropelías ante la ausencia de vigilancia policiaca y la impotencia de sus comisariados ejidales que se hartan de estar yendo a las cabeceras municipales para pedir un algo al abigeato y el hurto de otras de sus pertenencias que no son meramente animales ni transformadores eléctricos.
Cuando los rateros no encuentran en los ejidos reses o transformadores que es lo más usual que desaparecen los malandros, hacen saqueo de leña llevándose los sinvergüenzas a sus propios “podadores”, aunque generalmente aprovechan la que las familias ya cortaron y tienen apilada en alguno de los corrales exteriores de sus casas.
En una de las últimas reuniones de comisariados ejidales para seguir exigiendo seguridad en el campo, se realizó la última semana de enero pasado en la cabecera de Castaños, Coahuila, asistiendo representantes de las familias campesinas de ese municipio, así como de Monclova y otras comunidades de la región centro.
Estuvo por invitación, el Director de la Policía de Castaños, Miguel Ángel Tapia, quien se comprometió a redoblar vigilancia, aunque si bien es cierto que se le reconoció su disponibilidad, las familias del campo están conscientes de que no solo en Castaños, sino en la mayoría de los municipios de Coahuila de regulares y pequeñas poblaciones, en la actualidad los recursos son limitados, consecuentemente no esperan demasiados resultados del compromiso hecho por el jefe policiaco, pues reconocen que por él no quedará el cumplimiento de su ofrecimiento, sino todo será de acuerdo a la falta de policías y dinero para movilizarse en el campo.
No es solo la región Centro la que viene enfrentando con la calamidad de los abigeos, pues es un problema que están enfrentando otras zonas de Coahuila, en particular del Norte, Centro, Carbonífera y Cinco Manantiales.
En el viejo Coahuila, es decir, hace 30 a 40 años, todavía existían con mucha efectividad las llamadas policías rurales que mantuvieron a raya a los rateros del campo. (www.intersip.org)
