Mi Columna
Son las huérfanas
Por Carlos Robles Nava
De los 38 municipios de Coahuila, no conozco uno solo de ellos donde su Dirección Municipal de Protección Civil, funcione como tal, pues independientemente de otras muchísimas reglas y normas que supuestamente deben contar esas dependencias para su cabal cumplimiento de lo que realmente es proteger a la población civil, una sola no cuenta ni tan siquiera con el personal mínimo para cumplir con los objetivos para lo que fue creada.
El señalamiento es que no cuentan directa y dependientemente esas Direcciones de la menor cantidad de personal para atender un mínimo de empleados capacitados y entrenados cabalmente para atender no solo las contingencias que se presentan por fugas de gas, por accidentes de trabajo, sino que su obligación de supervisión no llega ni tan solo un cinco por ciento del 100 que se entiende está bajo su responsabilidad.
Las 38 Direcciones Municipales de Protección Civil de Coahuila, se apoyan y recurren tradicionalmente a sus cuerpos de bomberos, en aquellas ciudades donde hay, porque de hecho y a lo más, menos del 50 por ciento de las cabeceras municipales de la Entidad cuentan con cuerpos contra incendios y estamos hablando de un porcentaje estimado muy arriba de la realidad.
Igualmente son los cuerpos policíacos los que junto con los apaga-fuegos, son la fortaleza humana de las oficinas locales de Protección Civil, cuando se acude a una llamada de auxilio.
Es toda una pantomima cuando el titular de alguna de esas direcciones anuncia con bombo y platillo que se hará tal o cual revisión de negocios que deben cumplir con la larga lista de obligaciones y requisitos que establece la ley.
De lo poco, de lo mucho que hay sobre este tema, jamás se revisa el estado físico y particularmente la seguridad que deben tener los puentes peatonales que solo, al menos hasta ahora, han servido más que para renta de anuncios de negocios, una muestra de la ausencia de revisión, en Torreón ya se han registrado accidentes en que por fallas estructurales han caído menores de edad desde lo alto de esos adefesios, calificados como puentes peatonales que nadie los usa.
Similar situación existe en Saltillo, en donde hay reclamos de indemnizaciones por víctimas de las malas condiciones de los mencionados puentes peatonales, no siendo solo las dos ciudades más importantes de la Entidad en donde hay estas anomalías.
Trabajadores de una de las constructoras que en Saltillo realizan obras públicas, en los últimos 30 días han tenido que lamentar un muerto cuyos arneses de seguridad no garantizaron la vida de un infortunado empleado que cayó desde una altura de siete metros y días después los andamos de esa misma obra se “desvencijó” y cayeron al suelo, por fortuna solo resultaron con lesiones.
Ha esto hay que agregar los estallidos de cilindros de gas en casas y en particular comercios ambulantes por una inadecuada instalación y manejo de este combustible.
Sería largo e interminable hablar caso tras caso sucedidos en los últimos meses, al margen de la supervisión obligatoria y periódica que deben hacer dichas oficinas de Protección Civil, que todo lo pretenden hacer y justificar con la lengua, es decir, con declaraciones por parte de sus titulares, pero como bien y mal se dice, de lo dicho a lo hecho, hay y queda mucho trecho.
Donde no falla la presencia del escaso personal que tienen las Direcciones Municipales de Protección Civil, es a las contingencias por inundaciones y el reparto de apoyo, que se unen a las corporaciones policíacas y de bomberos para medio justificar su existencia.
El raquítico e improvisado concepto de protección civil, no se cumple ni siquiera en las universidades e institutos de estudios superiores de la Entidad, sean públicos o privados y como ejemplo puede considerarse que a lo más que llega la máxima casa de estudios de Coahuila, es a contar con una titular y un auxiliar, concretándose a través de altavoces a indicar dónde están las puertas de emergencia para en caso de una contingencia y señalar las rutas de evacuación.
No es gratuito el nombre como generalmente se les conoce a esas direcciones y que es “las huérfanas”, pues es duro decirlo, “no tienen madre” al trabajar no con las uñas, sino hasta sin ellas. (www.intersip.org)



