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Carlos Robles

Les seguimos fallando

Mi Columna

Les seguimos fallando

Por Carlos Robles Nava

No solo como instituciones gubernamentales, sino como personas seguimos fallando a los más vulnerables y me refiero a las personas con distintas discapacidades físicas que mucho necesitan del apoyo del prójimo.

Algunas, por cierto muy pocas, de las reglas que obligan los reglamentos y leyes, que disculpando la redundancia también se cuentan con una sola mano y sobran dedos de personas, que cumplen a medias figurando entre ellas las famosas rampas que en su gran mayoría no cumplen con las medidas especificadas, en particular por cuanto hace a su altura y dimensiones.

Hay muchas rampas cuya altura llega a tener hasta más de un metro de altura sin faltar las que llegan hasta metro y medio, con los consecuentes problemas de movilidad para quien no tiene completas o cabales sus facultades físicas, como es normal que no disponen esas mismas rampas de pasamanos para que el discapacitado pueda asegurar su paso.

A estas carencias debemos agregar las actitudes inhumanas de no pocas personas que en vez de dar el más mínimo apoyo a un minusválido para no exponerlo a una caída, le obstruimos el paso y le negamos nuestra ayuda para facilitar su traslado de destino.

Son pocas, por decir, poquísimas las oficinas de gobierno, al igual que negocios comerciales, incluyendo los bancos que tienen una fila preferencial para personas de edad adulta o bien con alguna discapacidad física para ser atendidos en menor tiempo que el resto de los clientes en consideración a su situación nada normal.

Por otra parte, son muchas las anomalías que se cometen y a eso hay que agregar la falta de consideración de las personas normales, de quienes gozan de total y cabal movilidad de sus principales miembros, pues en vez de dar apoyo para facilitar su paso, lo entorpecemos de distintas maneras como lo es no cediendo el paso, motivar que ese discapacitado se vaya por el camino más difícil o con más obstáculos, haciendo más difícil su vida.

Bueno sería que las instituciones educativas de la Entidad, impartieran pláticas sobre las distintas formas de ayudar a los discapacitados porque todo es cuestión de cultura y mientras esta no se imparta, los discapacitados seguirán la inmovilidad que les motiva su problema motriz.

La impartición de cultura de apoyo y protección a los discapacitados debe hacerse desde temprana edad entre los niños y esto bien puede hacerse en las escuelas de educación básica, es decir desde pre primaria o kínder hasta secundaria y de ser posible abarcar al alumnado de preparatorias.

Esto porque bien o mal se dice que chango viejo no aprende maroma nueva, lo que se reconozca o no es toda una realidad, por eso la conveniencia de que la enseñanza debe y tiene que ser a la más temprana edad posible.

Hablar de sanciones a quienes no cumplan con las medidas en rampas y demás reglas en favor de los discapacitados es una utopía, pues en la actualidad las Direcciones Municipales de Desarrollo Urbano, tienen la ley y reglamento de su lado y no aplican las recomendaciones y obligaciones especificadas legalmente.

La verdad es que quienes tenemos la bendición y gracia de Dios y conservamos nuestras facultades para tener una movilidad normal, estamos fallando a ese sector vulnerable y alejado de nuestras autoridades. (www.intersip.org)