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Guillermo Robles

Coahuila suda y CFE no parpadea

OPINIÓN

Por Guillermo Robles Ramírez

Coahuila suda y CFE no parpadea

Mientras uno maneja por las calles de la ciudad capital ve el ventilador de algún local y entiende, sin que nadie se lo explique, por qué en Coahuila el recibo de la luz no es un papel más. Es un recordatorio. Este inicio de septiembre, con el verano todavía encima y el subsidio que CFE aplica en el estado hasta octubre, mucha gente anda con el mismo malestar de siempre: el calor pega a las cuatro de la tarde y la Comisión cobra como si el termómetro no existiera.

Fíjense ustedes. El sector industrial y el comercio siguen apretados. No es la crisis de 2009, claro que no, pero entre aranceles, costos de operación y una competencia que no espera a nadie, las fábricas y las maquilas del norte no andan sobradas. Y en eso llega la Comisión Federal de Electricidad, otra vez de golpeadora. Cuando no le pega a la economía familiar, se va contra el que produce. Pues la cosa es que eso no es de ahora. Lo he visto en Saltillo, en Torreón, en Monclova, en Piedras Negras. Cambia el año, cambia el director, y el recibo sigue llegando desfasado de la vida que uno lleva.

No hay rincón de Coahuila que no lo resienta. A la paraestatal poco le importa, la verdad. Las mermas por el robo de energía —esos diablitos y medidores arreglados que CFE misma ha detectado por millones en el país— se pretenden reponer con tarifas altas. Lo dijo sin rodeos la Secretaría de Energía: las ineficiencias y las pérdidas se trasladan al precio final. El año pasado el hurto representó alrededor del cinco por ciento del consumo neto nacional y las pérdidas totales anduvieron por arriba del doce. ¿Y quién paga el agujero? El que sí declara, el que sí enciende el aire porque en Acuña o en la Laguna el termómetro se sube a cuarenta y no hay sermón que lo baje.

El subsidio de verano existe. En Coahuila se activó desde abril y corre hasta el 31 de octubre. En las ciudades más calurosas suele aplicarse la tarifa 1F, con un rango más amplio de kilowatts a precio preferente. Suena bien en el comunicado. En la casa, otra cosa. La Comisión no termina de acomodar el cobro a las horas pico, esas en que el calor obliga a prender todo lo que refresca. Los recibos llegan altos, a veces extraños, y en Saltillo no faltó quien este año se encontró con mil, dos mil, tres mil pesos sin haber cambiado de vida. Hay quien cayó en DAC, esa tarifa de alto consumo del norte y noreste que se va por encima de los seis pesos el kilowatt y se lleva el subsidio de un plumazo. Imagínense nomás.

En la franja fronteriza el golpe se siente doble. Piedras Negras, Ciudad Acuña, Jiménez, Hidalgo, Guerrero. Allá el horario de verano sí corre —desde marzo hasta noviembre— porque la frontera no puede desfasarse del otro lado. Pero el criterio de cobro, ese sí, sigue siendo el de la Comisión. La Carbonífera, el Centro con Monclova, la Comarca Lagunera con Torreón, San Pedro, Francisco I. Madero, Matamoros y Viesca… casi tres cuartas partes del estado viviendo lo mismo. Para las superintendencias, una vez que el recibo está impreso, no hay razonamiento que valga. Se paga o se paga.

El sector empresarial de Acuña y Piedras Negras lo ha dicho en voz alta más de una vez. Las maquiladoras y los negocios de la raya no están para soportar cargos que se salen de la realidad operativa. Yo he visto, en años de ir y venir por esas oficinas y esas naves, cómo un costo eléctrico que se dispara obliga a recortar turnos o personal para no perder el contrato. No es drama. Es aritmética. Mientras tanto CFE sigue igual, o más firme, con sus principales usuarios.

¿Y saben qué? El Congreso local ha tenido que exhortar a la empresa a revisar mediciones y facturaciones. En Profeco, CFE acumula quejas como pocas. En Torreón se concentran fallas y reportes. Hay casos extremos, de esos que uno no quiere creer hasta que los ve impresos: familias con adeudos disparatados que no corresponden a doce años de historial. Luego viene el corte y el segundo recibo, como si nada. Y como decimos los Lagunero, ¡ande… no! Eso no es servicio público. Eso es imponer.

Uno entiende que hay que cobrar lo que se consume. Entiende también que el que roba luz le carga la mano al vecino honesto. Lo que no entra con facilidad es que la respuesta oficial sea siempre la misma: el recibo llegó, punto. Sin mirar la hora del calor, sin mirar la frontera, sin mirar que Coahuila produce y suda al mismo tiempo.

Queda octubre y luego el retiro del subsidio. Queda preguntarse si alguna vez la Comisión va a cobrar como si viviera aquí, y no como si el norte fuera una casilla más en una tabla de tarifas. Mientras eso no ocurra, el aire acondicionado seguirá siendo necesidad y el papel verde con blanco, o el que ahora llega digital, seguirá siendo de palo. Y eso, señores, ya no es solo un recibo. Es la forma en que el Estado le habla a la gente que trabaja. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org