Los mexicanos, somos muy afectos a señalar errores y denunciar en los medios de comunicación irregularidades, pero pocas veces o casi nunca, damos opciones o los caminos para encontrar las soluciones correctas que conlleven a remediar nuestros problemas.
Mi Columna
Nomás digan cómo
Por Carlos Robles Nava
Los mexicanos, somos muy afectos a señalar errores y denunciar en los medios de comunicación irregularidades, pero pocas veces o casi nunca, damos opciones o los caminos para encontrar las soluciones correctas que conlleven a remediar nuestros problemas.
La corrupción que inunda a nuestro país, es el tema más recurrente, al menos en los últimos seis meses y de manera preponderante en las cuatro a cinco semanas transcurridas a raíz de los funestos hechos registrados en los Estados de Guerrero y Tamaulipas, que han desembocado por parte de la “ciudadanía” en saqueos, rapiñas, robos y lapidaciones a comercios, edificios públicos, sin faltar a instalaciones de partidos políticos como una dizque “expresión” de repudio para rechazar la violencia con violencia, lo que resulta incomprensible y nada entendible, sin embargo, hay grupos de mexicanos que buscan resolver problemas, causando más alboroto, conflictos y daños a terceros que nada tienen que ver en el tema de las dizque protestas y manifestaciones callejeras.
En el anterior contexto, están marcando y encabezando esta irregularidad situación varias regiones de Guerrero, que con el pretexto de “se los llevaron vivos, los queremos vivos” refiriéndose a los 43 normalistas secuestrados, primero por policías de esas Entidades y luego entregados a uno de los cárteles que por años han venido operando plácidamente en el Estado, cuyos miembros los asesinaron cobardemente por la indefensión de los difuntos, para luego su titular, Jesús Karam Murillo, hacerlo público a través de conferencia de prensa televisada nacionalmente y no dándole credibilidad a ello los padres de familia de los infortunados normalistas, desató esto una reacción enfurecida por algunos grupos entre los que se incrustaron anarquistas, aunque para muchos esos dizque anarquistas son simples oportunistas y porros profesionales al servicio de intereses ocultos.
Esta semana, el sacerdote de la iglesia católica, Fernando Liñán, con toda razón hace un justo señalamiento a exhortar a la ciudadanía en general a acabar con la corrupción que corroe a México.
En parte de la entrevista periodista que concedió, el padre Liñán expresa que “la pastoral social y los sacerdotes tienen que salir a denunciar las corrupciones y quitara lideresas que abusan al igual que a políticos”.
Subraya el deber de la sociedad en general de impulsar las transformaciones para la justicia, añadiendo que es necesario vencer los actos de corrupción y por ello los sacerdotes han salido a manifestarse junto con la sociedad civil ante las injusticias de problemas como el transporte, el problema de los excesivos cobros del agua aplicados por Aguas de Saltillo y “ahora la situación de los estudiantes”.
Habló también de la participación de la iglesia como un compromiso, advirtiendo que la gente no debe asombrarse de la presencia de la iglesia en esos eventos de reclamo de justicia, involucrándose en manifestaciones y marchas callejeras.
El padre Liñán no está equivocado, aunque debemos recordar y, sobretodo reconocer que la corrupción de México no desaparecerá con simples denuncias y no precisamente públicas, sino que tienen que hacerse directamente ante las respectivas autoridades, además de ser cimentadas y apoyadas con pruebas que sustenten este mal que como cáncer crece y afronta nuestro país no solo en el área oficial , sino en las múltiples actividades que se desarrollan, no siendo gratuitas las frases ya muy acuñadas y tomadas como propias por todos nosotros como la que reza “el que no tranza, no avanza”.
La corrupción, al menos entre la generación del presente y la futura no avanzará en su exterminación total y ni siquiera parcial, mientras no se realicen acciones firmes y bien estructuradas entre la niñez de ahora que serán los jóvenes del futuro y profesionistas de los años siguientes que deben entender que la corrupción debe dejar de ser un símbolo distintivo de México.
Esa invitación de Fernando Liñán, de acabar con la corrupción, sería altamente positiva que la Iglesia empezara con esa campaña a través de los grupos infantiles en las clases previas a la primera comunión que se imparten en barrios y colonias de todas las ciudades coahuilenses, así como entre los grupos de jóvenes estudiantes que participan en las misiones insistiendo que la corrupción es el enemigo número uno de nuestro país y que debe desaparecer. (www.intersip.org)
