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Carlos Robles

El derecho del prójimo

Los mexicanos vivimos eternamente quejándonos de que no hay libertad en ninguno de los sentidos, pero en especial para expresarse públicamente de palabra o con movimientos, marchas, manifestaciones y otras modalidades que ahora existen como es la destrucción de bienes e inmuebles oficiales o gubernamentales.

Mi  Columna

El derecho del prójimo

Por Carlos Robles Nava

Los mexicanos vivimos eternamente quejándonos de que no hay libertad en ninguno de los sentidos, pero en especial para expresarse públicamente de palabra o con movimientos, marchas, manifestaciones y otras modalidades que ahora existen como es la destrucción de bienes e inmuebles oficiales o gubernamentales.

Quien dude de esa maravillosa libertad que vivimos los mexicanos, solo es más que suficiente asomarse breves minutos a los espacios noticiosos para enterarnos de las atrocidades que se vienen cometiendo desde hace más de un mes en el Estado de Guerrero, sin importar el tamaño del municipio, sea pequeño, mediano o grande y como ejemplo están los daños materiales y económicos que se han cometido en el puerto de Acapulco, comunidad guerrerense que ha vivido eternamente del turismo y en donde los manifestantes de “se los llevaron vivos y los queremos vivos”, refiriéndose a los 43 normalistas victimados, al menos es la información oficial de la Procuraduría General de la República.

Los “maestros” de la Coordinadora General de Trabajadores de la Educación, que “opera” al margen de la conocida como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, SNTE, se han dado vuelo con infinidad de actos de rapiña no ha instituciones oficiales, sino a negocios particulares cuya exhibición cotidiana podemos constatar en los noticieros televisivos, sin considerar las afectaciones a turistas.

A raíz de ese alocado desenfreno de dar rienda suelta a su coraje con o sin razón, el Congreso de la Unión, promulgó la Ley Anti Marchas que dará paso libre a cada Estado para que realice las medidas para impedir que terceros o sea el prójimo, aquellos que no la deben, sufran daños materiales y físicos, además de robos en sus negocios.

De siempre he sostenido que todos los mexicanos tenemos la libertad y derecho de manifestarnos por una y otra cosa, pero siempre y cuando no se afecte los intereses de los terceros o sea al prójimo.

Y, como bien se dice, cada quien puede opinar según sus intereses y filosofía, aunque pertenezcan a la o las mismas instituciones, como es el caso de la iglesia que como en toda agrupación los hay  “contreras” de todo, así como los tolerantes y mesurados.

Sobre esta ley anti marchas, el vocero de la Diócesis de Piedras Negras, el sacerdote, Juan Antonio Rebonato, expresó que mientras no se afecte el derecho a la manifestación libre y a terceras personas, la medida es acertada.

Hizo mención a que las manifestaciones es el despertar de grupos de ciudadanos que no están de acuerdo en cómo vienen trabajando las instituciones oficiales o gubernamentales y reiteró su aceptación de que deben permitirse las manifestaciones sin violencia y que no causen daños a terceros.

Remata su opinión el padre católico Juan Armando Rebonato, “podemos manifestarnos de manera pacífica como personas civilizadas, pero no llegar a la violencia o al daño patrimonial de otros, evitando actos delincuenciales.

Sin embargo, la otra cara, es decir, aunque de la misma Iglesia, pero de otra Diócesis y me refiero a Raúl Vera López, que como es su tradicional estilo bravucón y anti gobiernista, condenó la ley anti marchas, asegurando que coartaba la libertad de expresión.

Raúl, precisó que el gobierno se tiene que defender, pero de esa manera las manifestaciones no las van a pagar. “Están atacando la libertad de expresión de gente que necesita ser escuchada y con esa reforma no se van a calmar las cosas, la solución es que el gobierno cambie o se corrija o se corrigen, porque este pueblo ya se hartó”.

A leguas se notan y diferencian los tonos moderados y tranquilos como lo expresa Rebonato al invocar se respete a las terceras personas o prójimo, por otra parte, la voz de quien se alebresta y sin razón llama a la desobediencia civil, cuando improcedentemente invoca violaciones a la libertad de expresión, cuando que la ley anti marchas pretende no ir al daño de personas o el prójimo y que todo mundo puede manifestarse siempre y cuando lo haga con orden y respeto a los demás.(www.intersip.org)