Nosotros los mexicanos tenemos en común y generalmente, varias particularidades y entre otras, tercos como las mulas, sin ofender a estas últimas; obsecados hasta morir; y “cabezones y socarrones” de corazón.
Mi Columna
Claro que salvan
Por Carlos Robles Nava
Nosotros los mexicanos tenemos en común y generalmente, varias particularidades y entre otras, tercos como las mulas, sin ofender a estas últimas; obsecados hasta morir; y “cabezones y socarrones” de corazón.
Son múltiples las campañas preventivas que no solo en Coahuila se han realizado, sino en el resto de las Entidades de la República y en la mayoría de las veces, los consejos y recomendaciones nos entran por uno de los oídos y nos salen por el otro.
Y, es precisamente por esas “virtudes” innatas de los mexicanos que nos estamos acostumbrando, lo que no debe ser, a vivir al margen de las advertencias y recomendaciones que se divulgan en las campañas para evitar tal o cual cosa.
El viernes de la semana pasada y a diferencia de unas cuantas horas, cuatro seres humanos encontraron la muerte cuando no llevaban puestos los cinturones de seguridad como por años y años se ha estado recomendando, siendo lo más lamentable que pese a esa persistente campaña de las autoridades en el sentido de que el “cinturón salva vidas”, lo leemos y normalmente lo “vemos” más no lo penetramos en nuestra mente, convirtiéndose en una más de las tantas advertencias que nos hacen y seguimos desobedeciendo exponiendo y arriesgando nuestra vida.
El primero de esos trágicos hechos sucedió a las 10.30 en uno de los cruceros más transitados de Saltillo, como lo es Venustiano Carranza y Canadá, donde la imprudencia y el abuso de cientos de conductores de no respetar la luz roja del semáforo de ese crucero, embistió tremendamente a un taxi saliendo disparadas dos personas que viajaban en el asiento trasero encontrando la muerte al estrellarse contra el pavimento. Se trató de una mujer de 29 años y su sobrina menor de 14.
Más tarde, a las 16 horas, aunque a poco más de 100 kilómetros de Saltillo y precisamente en San Roberto, Nuevo León, sobre la carretera 57, un coche último modelo cuyo conductor iba con exceso de velocidad y encima torrencial aguacero, perdió el asfalto de la carretera para volcarse y dar algunas “maromas” dos mujeres familiares del conductor y que viajaban, igual que las infortunadas víctimas de Saltillo, sin el cinturón de seguridad, salieron materialmente “volando” del interior del coche para encontrar la muerte al caer al suelo varios metros distante del destruido automóvil.
Son dolorosos estos sucesos que seguirán repitiéndose mientras esas cabezas duras de buen número de conductoras y conductores mexicanos, no hagamos caso a lo que es cierto, “el cinturón salva vidas”.
Podrán implementarse más campañas de concientización y las tragedias no pararán mientras las medidas para que se cumplan esas recomendaciones no sean castigadas con severidad y se hagan a un lado muchas de las complacencias de las autoridades de diversos niveles cuando “socarronamente” no actúan y se muestran indiferentes para no hacer respetar no meramente las campañas, sino los propios reglamentos que supuestamente sancionan su incumplimiento que es precisamente eso lo que causa la muerte anualmente de cientos de mexicanos.
Existen diversos factores fundamentales de estos fatídicos percances son exceso de velocidad e incumplimiento de los reglamentos como es la excesiva velocidad, no colocarse el cinturón de seguridad, manejar en estado de embriaguez, no respetar el rojo de los semáforos, etc.
Allá por años 80´s, no recuerdo la razón, pero en lo personal ya usaba el cinturón del vehículo que conducía y en una ocasión un compañero reportero, Juan José Cortes, del aeropuerto al centro de Saltillo me pidió un “aventón” y por instinto me coloqué el cinturón tan pronto aborde el auto y mi “cuate” con un dejo de burla e ironía me dijo “a´chingao, jefe, qué a poco va a volar”. Igual de sarcástico le respondí: “¿ Tú crees que los gringos son tarugos que ponen los cinturones por adorno?”. Todo quedó en risas como simple broma.
Unos 20 años más tarde, yendo a Piedras Negras a un compromiso con Urbano Santos, alcalde en aquel entonces de ese puerto fronterizo, en el kilómetro 36 de la carretera Monclova-Sabinas, conduciendo una camioneta pick up y debido a un “rocío” que mojó la carretera, al tomar una curva por mi exceso de velocidad y descuido salí del asfalto y mi vehículo, dio dos “marometas” completas y gracias, primero a Dios y segundo al cinturón de seguridad, estoy para contarlo.
No es gratuita mí convicción de que los consejos preventivos salvan vidas. Úsalo, te puede salvar la vida, vayas atrás o adelante.(www.intersip.org)

