Mi Columna
El vía crucis de Grace
Por Carlos Robles Nava
En los tiempos de nuestros abuelos y padres, al menos entre quienes ahora rondamos en los 60 años para arriba o adelante, fuimos testigos de que ciertos males se remediaban temporal o definitivamente con “ungüentos” de mariguana con alcohol o el conocido “peyote” potosino, de mero Real de Catorce.
Había familias en donde por la facilidad de conseguirlo con familias asentadas en el mencionado y legendario pueblo minero de Real de Catorce, esas “fórmulas” las hacían con peyote y alcohol y posteriormente salió la mezcla con aceite, por cierto con magníficos resultados superando, inclusive, los tratamientos con medicina alópata o sea la que recetan los médicos y venden en farmacias o boticas.
En los tiempos idos, eran normales ese tipo de tratamientos, en especial por dos razones: No había dinero en la familia y tampoco existían tantas doctoras y doctores como en la actualidad los hay.
Claro que eran remedios caseros, pero muy efectivos y sin tanto alboroto o guato de que se estaban usando drogas, estupefacientes o mezclas de sustancias peligrosas para la salud, pues fueron tiempos en los que el consumo o fumadera de marihuana que era la única que se mencionaba, si existía, pero en grupos no reducidos sino pequeñísimos, aún no llegaban las épocas actuales en que aunque no es normal, no faltan los que vemos sin prejuicios tanto “mugrero” al que recurren las chavas y chavos de ahora, así como adultos y muy adultos o los llamados de la “edad de oro o de plata” por las canas.
En el pueblo mágico de “Real de 14”, San Luis Potosí, en sus empedradas calles y a la vista de todo paseante y visitante, se promueven y vende, por cierto en muchas cantidades y muy bien presentadas, botellas de regular tamaño con “aceite y peyote”, recomendadas para varias enfermedades, particularmente las reumáticas, aclarando que no se toma, sino se frota en las áreas del cuerpo en las que hay problemas, aunque también hay que decirlo, no faltan los que igual que la mariguana el peyote lo fuman y según dicen, quienes han probado de ello, que se sienten “pajitas”, livianitos como si anduvieran volando y supuestamente se remontan a otros “lares” de la vida terrenal, aunque no es otra cosa más que alucinar.
Ignoro el por qué tanto alboroto y guato con la pequeña regiomontana “Grace” cuyos padres hubieron de recurrir a las altas autoridades judiciales del país para lograr un amparo para hacer uso en una enfermedad extraña de su hijita Graciela Elizalde, llamada síndrome de Lennox Gastaut siendo un tipo de epilepsia refactaria difícil de controlarse, por ahora, con medicina convencional.
Los padres de Grace han explicado hasta el cansancio que el medicamento que será importado de los Estados Unidos, es tomado, recurriendo a esa alternativa u opción, después de probar sin resultado alguno con 19 medicamentos para menguar y tratar de aliviar el tipo de epilepsia de la niña Grace.
No estoy pidiendo a quienes han conocido del caso de Grace a que tengan compasión, sino más que eso, comprensión y solidaridad humanitaria porque aquellos que por una u otra causa hemos sufrido tal o cual enfermedad que no encuentra remedio con lo tradicional, es válido, sin infringir las leyes, a buscar alternancias y remedios no tradicionales y que apenas se están experimentando o tienen pocos años de estar en el mercado farmacéutico.
Por otra parte, me dirijo a quienes manejan la seguridad y justicia en el país, que por cierto, hacen oídos sordos y fingen ceguera ante la gran cantidad de narcos que andan de calle en calle en las ciudades de México y no tienen problemas esos traficantes para venderla, mientras que en caso de una familia que tiene necesidad de recurrir a medicamentos que contienen mariguana, debe gestionar un amparo federal, contratar y gastar en un abogado para tramitar el permiso.
Es incongruente que muchas de nuestras autoridades no solo policiacas, sino judiciales estatales y federales, son más benignas y “sueltas” con los narcotraficantes que acceder a un desesperado padre de familia que necesita esas facilidades para atender a un familiar. (www.intersip.org)

