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Carlos Robles

Se acabó la moral

Mi Columna

Se acabó la moral

Por Carlos Robles Nava

Entiendo y es claro que somos más coahuilense si hacemos la comparación de hace 40 a 50 años a la fecha y por tanto, los tiempos van cambiando aunque en la mayoría de los casos, para mal.

Recuerdo en mis primeros años de juventud como se provocaba morbo, pero a la vez el “escándalo” que se armaba cuando se exhibía una película e igual que un espectáculo en vivo en cuyas funciones en vez de taparse los ojos los adolescentes de esa época, los abríamos más.

Empezaban a llegar a México, las películas italianas o francesas, con actrices que se quitaban el sostén o brasier no más de uno o dos minutos de los 80 o 90 que duraba el film y la “raza” o sea yo y mis amigos, salíamos de la sala cinematográfica asombrados y “entusiasmados”.

Pasaron no muchos años y los desnudos vinieron después de artistas mexicanas y esto fue desatando la fiebre sin importar el origen de la película y de la o las artistas protagonistas.

Sin embargo, de una u otra manera había un mayor concepto de la moralidad que llevó a la restricción de acceso para ver esos films a menores de edad e inclusive el portero de entrada de la sala cinematográfica exigía la presentación de la cartilla para comprobar la edad, pues en mis tiempos no existía la famosa credencial del IFE, hoy en la actualidad INE.

De parte de los padres, en particular de los papás había más recato y ni siquiera venía a la mente ver a un papá con su hijo ya no adolescente y mucho menos menor de edad, entrar a ver esas películas con escenas sexuales u otro tipo de desnudez.

Los tiempos han cambiado tan radicalmente, por desgracia, que la moralidad y recato entre hijos y padres ha quedado en el pasado y tal parece que las cosas van empeorando cada vez más.

Los viejos de ahora, no fuimos “santos” y menos moralistas, simplemente que la presencia de un adulto ya no del padre, era diferente porque se le vía con respeto.

Este domingo pasado acudí a una sala cinematográfica en donde los desnudos y malas palabras fue lo que sobró, igual que los menores de edad, particularmente jovencitas y jovencitos que no rebasaban los 12 o 13 años.

El tema fue interesante, aunque dudo que las y los chavalillos a quienes indebidamente se les permitió la entrada, le hayan entendido, pero lo que es un hecho es que vieron con placer y regocijo las escenas sexuales e íntimas que abundaron en ese film.

Desconozco si existe dentro de la estructura de las autoridades municipales, los eternos inspectores de espectáculos que en los años del pasado, se encargaban de entrar durante la función del cine que exhibía películas calificadas como para “adultos” para verificar si se encontraban menores de edad y en caso de que así fuese, no solo sacaban al menor, sino se sancionaba a los dueños de la sala cinematográfica.

Todo eso ya se perdió, siendo lo grave que en “eso” va la moralidad cuya regla debe seguir imperando porque no es gratuito que los menos de 13 y 12 años, están ya más despiertos que los adultos.

No soy moralista, simplemente que entristece más la moral que han perdido las autoridades municipales para cumplir con sus funciones, pero sobre todo con sus obligaciones. (www.intersip.org)