Serio, pero siempre con una ligera sonrisa en sus labios, en la entrada de uno de los recintos oficiales donde presta sus servicios, con paciencia, harta amabilidad y sencillez, orientaba a cada una de las personas que acudían para cumplir con sus obligaciones.
Mi Columna
Es un todo un ejemplo
Por Carlos Robles Nava
Serio, pero siempre con una ligera sonrisa en sus labios, en la entrada de uno de los recintos oficiales donde presta sus servicios, con paciencia, harta amabilidad y sencillez, orientaba a cada una de las personas que acudían para cumplir con sus obligaciones.
Quienes mostraban alguna discapacidad o gente de la tercera o cuarta edad que llegaban a la fila para acceder al edificio para hacer el respectivo pago de adeudos pendientes, personalmente los conducía y llevaba a una de las tantas sillas que había cerca de su cubículo y pedía esperar unos momentos para atenderlos, regresando a los pocos minutos para sentarse a su lado y llenar los documentos específicos que dio lugar a su presencia en esas oficinas públicas.
Los adultos mayores, que en general, esas cosas modernas y de alta tecnología como son los sistemas computacionales no son muy de su agrado, pretexto que damos los viejos para disculpar nuestro rechazo a la computación, ese atento y siempre dispuesto servidor público, personalmente se sentaba junto a ese anciano o discapacitado y una vez colocado frente a la computadora, con paciencia preguntaba a esos señores y señoras de la tercera o cuarta edad, sus datos para llenar los formularios y cumplieran con el objetivo de su llegada a esa dependencia pública estatal.
En muchos de los casos, los acompañaba hasta las maquinas electrónicas para pagar con tarjetas bancaria de débito o crédito orientándolos de cómo debieran usar sus tarjetas en esas igual de modernas máquinas no aceptadas por la gente de edad avanzada y una vez hecho el pago electrónicamente, todavía, los acompañaba a la caja correspondiente a recibir los documentos originales que dan fe absoluta de cumplido la obligación fiscal.
Atraído por tanta amabilidad y tolerancia, me acerque a ese “extraño y raro” burócrata para preguntar el porque de su conducta y se identifico como licenciado, Juan Carlos Plata, con varios años de prestar sus servicios en lo que en el pasado se llamó Tesorería General del Estado, posteriormente Sistema Administrativo y Tributario del Estado de Coahuila, (SATEC) y en la actualidad pertenece al personal de la Dirección General Fiscal del Estado de Coahuila, en donde manda el licenciado Roberto Díaz.
Juan Carlos, sin poses y mucho menos actitudes elevadas, con una voz tranquila me dijo que de siempre y desde que hace años se inició en el servicio público, ha sido esa forma tranquila y paciente como ha cumplido su trabajo, en el puesto y responsabilidad que le es asignada por sus jefes inmediatos.
Acostumbrado por mi profesión de periodista el visitar todo tipo de edificios gubernamentales, he visto en la mayor parte de sus empleados caras, sino malas como nos expresamos para definir la amargura que acarrean desde su casa y le convidan o salpican a quienes atienden, con toda honestidad, me llamó poderosamente la atención la amabilidad y carácter tranquilo como se desenvolvía Juan Carlos Plata, pese a las filas que en ocasiones se le acumulaban en la entrada del edificio de SATEC, en Luis Echeverría, en Saltillo.
En pocas ocasiones los ciudadanos vemos buenas caras a los burócratas lo mismo de oficinas de los gobiernos federal, estatal y municipales de Coahuila, jactándome de recorrer periódicamente por mi trabajo, los diferentes municipios de Coahuila, así como instituciones médicas hospitalarias como Seguro Social e I.S.S.S.T.E.
A lo más que se llega ver cuando se llega a las oficinas de esas instituciones, son grupitos de burócratas en “tertulia” con risas o tremendas risotas y cuando llega algún ciudadano al mostrador para ser atendido regresan esas caras de amargadas o amargados para sino de mal modo, sin saludar, secamente preguntan el asunto a tratar y cuando no es su área con mal modo indican con desgano el camino de la oficina donde deben tratar el asunto que llevan consigo.
Juan Carlos Plata, en lo personal me dejó un buen sabor haciendo volar mi imaginación si algún día no en todo México, sino en el la tierra que me vio nacer, Coahuila, llegaremos a tener otros Juan Carlos, amables, pacientes y tolerantes con quienes a diario tienen que tratar o lidiar, diciéndolo de alguna manera, con no tocos ciudadanos que por tratarse de servidores públicas, llegan con exagerada prepotencia y altanería exigiendo ser atendidos.
Estoy convencido de que habemos muchos ciudadanos también con cara de amarguras y dejos de superioridad que provocan respuesta similar.
Ojalá tuviéramos de un lado y otro, la paciencia y tolerancia como lo viene tratando Juan Carlos Plata.(www.intersip.org)

